29 de abril de 2021

TEORIA DE LA RESPONSABILIDAD PENAL DEL PRESIDENTE DE LA REPUBLICA

Escribe Victor Munguia


Todo gobierno para ejecutar sus planes divide el ejercicio en sectores, no hay uno más importante que el otro, y todos ellos dependen los unos de los otros. 

Los responsables de esos sectores que reciben el poder de administrar y ejecutar los objetivos de gobierno, son denominados ministros en la mayoria de paises, secretarios de estado en la Unión Americana.

Los ministros son penalmente responsables de los actos que refrendan en sus respectivos sectores; si la administración depende de una jefatura que es representada por el Presidente, eso no significa que el mandatario asume una  responsabilidad funcional por dichos actos, en tanto no se pruebe colusión o dolo con evidencia que vaya más allá del desempeño del cargo.

la teoria de la responsabilidad presidencial

La teoría de la responsabilidad presidencial parte del principio que, siendo que"el presidente representa a la Nación", los casos extremos de su enjuiciamiento y proceso post-mandato deben ser estrictamente personales y ajenos a su función ejecutiva.


Objetivos
Tres objetivos tiene la teoría de la responsabilidad penal del presidente : primero, delegar responsabilidades ejecutivas en los ministros que son los gestores de la voluntad de gobierno; segundo, preservar la estabilidad democrática evitando revanchas políticas y caos social; y tercero : resguardar la imagen y respeto a la Nación.

Responsabilidad delegada

Si el Presidente de la República, en ejercicio, no puede ser encausado por delitos comunes, quién es el responsable ? Aquél a quien por la división de la administración del estado se le delega el poder ejecutivo en el sector para el que ha sido designado : Los ministros son individualmente responsables por sus propios actos y por los actos presidenciales que refrendan.

En teoría, los actos en que el Presidente puede tener responsabilidad penal o que incurran en violación de las leyes son directamente atribuibles, imputables y perseguibles al ministro de la cartera correspondiente, esto se denomina responsabilidad delegada.

Esta responsabilidad delegada exime al Presidente de la República de responsabilidad penal por delitos cometidos en el ejercicio de sus funciones. Puede ser enjuiciado al término de su periodo presidencial ? Evidentemente no, el eximente no tiene el elemento temporal como condición para su existencia, por más que la frase "durante su periodo" induzca a suponerlo.

Responsabilidad funcional en casos de lesa humanidad
Es claro, que ningún presidente puede ser acusado en base a "responsabilidad funcional" ,es decir por los delitos cometidos por los elementos bajo su mando, solo por el hecho de ejercer la jefatura politica. 

El delito funcional no existe en la teoria de la responsabilidad penal del presidente.Más aún, en los procesos por delitos de lesa humanidad, es condición sine qua non probar la intencionalidad, la voluntad ejecutiva de manera personal e indubitable por parte del presidente, caso contrario no hay delito ni proceso, la carga de la prueba recae en la parte acusadora.

Mal uso del concepto delito funcional
Una deformación total de este concepto, delito funcional, ha permitido encausar a mandatarios, cuadros ejecutivos y militares por todo lo que ocurre más allá de sus voluntades, por el solo hecho de sus rango jerárquicos.

El delito funcional no existe, lo que hay es responsabilidad funcional y para esto hay que demostrar que existió negligencia, su fuero es el civil o administrativo y no de los tribunales penales nacionales o de justicia penal internacional.

Tribunales Competentes en Juicios contra Ex Mandatarios

El juicio de un ex presidente exige más allá de cualquier circunstancia el cumplimiento de la garantia de debido proceso y no hay debido proceso cuando se anteponen conceptos como delito funcional y los que deciden la inocencia o culpabilidad del reo se encuentran prejuiciados o adelantan juicios, situación inevitable en los paises de origen de los ex mandatarios.

Con la entrada en vigencia del Tratado de Roma, no existe impedimento legal para que la Corte Penal Internacional adquiera jurisdicción, si el Estado denunciante y el encausado coinciden en llevar el juicio a dicha Corte. 

Conclusión

Hoy,que las economias de todos los paises se encuentran tan condicionadas como los stocks de cualquier empresa en Wall Street, los encausamientos de mandatarios, promueven zozobra politica,tienen un impacto directo en las aspiraciones de desarrollo, y en la voluntad del inversor a arriesgar en economías con poca estabilidad social y politica.

Paises con presidentes trás las rejas no son precisamente lo que representa un clima democrático o de seguridad para el desarrollo. Solo las republiquetas encarcelan presidentes porque su estructura y base politica son efimeros, faltos de coherencia y tan volátiles como la pelea continua entre bandas y grupos de poder que las gobiernan.

3 de marzo de 2011

Morir en Irak

Escribe Víctor Munguía

 Las noches en Bagdad, para los combatientes, deben ser terribles, rodeados de muerte y destrucción, de la necesidad de tener que matar para sobrevivir y cuidarse hasta de los propios compañeros para que ningún disparo imprevisto de por terminada la aventura.

Es tan corta la distancia entre el adiós y el regreso como largo es el camino que llevará a los soldados de vuelta a casa, en un feliz día que todos imaginan.

Morir en Irak es el temor general, nadie quiere que eso le pase, nadie espera que eso pueda sucederle en suelo remoto y extraño, entre gente distinta y que no despierta pasión alguna. Convertirse en la foto de un cadáver más, en la figura heroica que pasó por la tierra dejando la huella de un uniforme y la lucha por una patria tal vez haya sido el anhelo de algunos..

Y así, entre disparos y medianoche se da paso al momento real y funesto que transforma existencias o las destruye sin términos ambivalentes llevándose el espíritu del hombre en un viaje sin retorno.

Cuando muere un soldado hispano, con cada uno de estos muchachos se van las esperanzas de familias enteras que llegaron a este país con ansias de progreso y deseos de felicidad . En busca de esa ambición, ingresar al servicio militar se les inculca a nuestros adolescentes dentro de los hogares, para sentir orgullo, lograr objetivos de superación, enmendar errores personales, alcanzar status o americanizarse.

Lo cierto es que en muchas de las decisiones de estos jovencitos ha sido la influencia paterna la que ha pesado, nunca se pensó en el viaje a Irak, las despedidas o el mensaje que el orgullo de la familia perdió la vida en conflicto, dejando como recuerdo una medalla.

Y en la hora de reflexión que nos trae la muerte de uno de los nuestros resultará fácil odiar tanto a los iraquíes como ellos deben odiarnos también.

A partir de ese sentimiento inexplicado, de dudosa procedencia, podemos inventar un mundo para nosotros, dividido entre el bien y el mal, donde la representación de los buenos nos toque por derecho propio, y saldremos a las calles dispuestos a matar a cualquier manifestante anti-guerra, por traidor a la patria, tonto útil del terrorismo o sospechoso de maldad congénita.

Los valores dislocados que se pondrán en juego no tendrán nada que ver con la utilidad de esta guerra infausta ni sus pregoneros, tampoco con la cuestionada bondad que se pretende llevar al pueblo de Irak después de Saddam.

Se realizarán marchas exigiendo la muerte del dictador, sus esposas, sus hijos, sus amigos y vecinos, que mueran todos y el nuevo orden será más libre, respiraremos sin miedo a armas biológicas, químicas, bacteriológicas, o de no se que otra infernal creación del sátrapa Hussein.

El caso es que la muerte ha sido la vedette de este pasaje de nuestra historia como humanidad, y a los cadaveres mutilados de nuestros soldados y los "daños colaterales" de los que han quedado atrapados entre dos fuegos jamás podremos devolverles la vida.

Más allá de las fronteras de la Unión Americana se sabe que estamos en el momento crucial en que la guerra ya ha dejado de ser tal, para convertirse en la insana contemplación de la muerte ante los ojos impávidos del universo entero, unos callan, otros protestan por figurar, los menos sólo quieren rezar para que esta pesadilla acabe.

Pero ¿a quién vamos a rezar si en Irak no sólo han muerto los soldados americanos e iraquíes sino también la convicción de la justicia divina, el principio de la moral propia de los gobiernos del orbe, si hemos dividido nuestro espacio-tiempo histórico en antes y después de Saddam?

¿Que habrá después de tantas muertes? ¿Una civilización más libre? ¿O quizá una de convenidos y rastreros, bajo el liderato del capricho de las transnacionales y el mandato del dinero?

La verdad, en Irak hemos muerto todos, no sólo nuestros jóvenes soñadores metidos a soldados, también a nosotros nos ha tocado un poquito de esa muerte, nunca más seremos los mismos, ni siquiera los americanos, menos los inmigrantes o el resto de la comunidad internacional paralizada ante el cuadro tétrico de esta tragedia.